De tal palo, no todas las astillas.

Madre e Hija - Paul Gauguin
El crimen se hereda. Si, créame; en una sociedad marchita, alimentada por su propia escoria, el crimen se hereda. Nuestros hijos pagarán mañana, sin importar cuánto nos aborrezcan, cada gota de sangre que derramemos hoy.
¿Es que nuestros pecados van en la sangre, o es que castigar a nuestros hijos, sangre de nuestra sangre, puros y limpios de culpa, es una forma aún más cruel de azotarnos?
Aún los españoles son exterminadores de indígenas. Hijos todos de Cortés, siguen llevando a cuestas el oro que se robaron hace ya más de cinco siglos. Aún los alemanes son unos sanguinarios, y arrastran como grilletes los millones de huesos que un loco, con bigote singular, descarnó. ¿Qué tienen ellos que ver con estos crímenes? ¿Cuáles han sido sus pecados? ¿Condenarlos por haber nacido en un rincón del planeta, y no en otro, no sería una forma renovada de meter en un campo de concentración a circuncisos?
Las culpas no se lavan; el peso de la historia es el mejor escarmiento. Pero nuestros hijos, ángeles inocentes, crías de un nuevo mundo, no tienen que llevar esa carga encima; suficiente tendrán con sus propios errores en un mundo lleno de pecados.
Aquiles Martínez - 2012.



