Notas en la arena

La Consejala Antropofaga (La Consigliera Antropofaga) - Almodovar

De tal palo, no todas las astillas.

Madre e Hija - Paul Gauguin

El crimen se hereda. Si, créame; en una sociedad marchita, alimentada por su propia escoria, el crimen se hereda. Nuestros hijos pagarán mañana, sin importar cuánto nos aborrezcan, cada gota de sangre que derramemos hoy.

¿Es que nuestros pecados van en la sangre, o es que castigar a nuestros hijos, sangre de nuestra sangre, puros y limpios de culpa, es una forma aún más cruel de azotarnos?

Aún los españoles son exterminadores de indígenas. Hijos todos de Cortés, siguen llevando a cuestas el oro que se robaron hace ya más de cinco siglos. Aún los alemanes son unos sanguinarios, y arrastran como grilletes los millones de huesos que un loco, con bigote singular, descarnó. ¿Qué tienen ellos que ver con estos crímenes? ¿Cuáles han sido sus pecados? ¿Condenarlos por haber nacido en un rincón del planeta, y no en otro, no sería una forma renovada de meter en un campo de concentración a circuncisos?

Las culpas no se lavan; el peso de la historia es el mejor escarmiento. Pero nuestros hijos, ángeles inocentes, crías de un nuevo mundo, no tienen que llevar esa carga encima; suficiente tendrán con sus propios errores en un mundo lleno de pecados. 

Aquiles Martínez - 2012.

Hotel Chevalier - Wes Anderson - 2007

Victor Vasarely - Marc Positive

Victor Vasarely - Marc Positive

“perché non sa voler bene” Otto e mezzo - Fellini 

Notas de Arenas

"Mientras esperábamos que nos sirvieran, oímos el murmullo de la gente, que subía de pronto como la marea de aquella playa revuelta. A veces, yo hacía como que te hablaba y extendía los labios con una sonrisa imperial. Tú asentías, bajando discretamente la cabeza. « De dónde serán», preguntaba una mujer desde una mesa cercana. Y como el camarero no llegaba, me incliné, recogí del suelo la punta de tu bufanda y comencé a mordisquearla. Sonaron las carcajadas en una mesa que estaba ocupada por un grupo de muchachos, al parecer deportistas, que a todo trance querían opacarnos. Pero no lo lograron. Saqué tu bufanda de mi boca, me puse de pie, me encaramé sobre la silla y llamé a gritos al camarero en inglés, en francés y en italiano; mamá me había enseñado esas frases. Luego, viendo que, por suerte, aún el camarero no aparecía, me paré encima de la mesa y dije camerott, camarritit y otras combinaciones de sonidos inventadas por mí en ese mismo momento. Inmediatamente (y ahora el murmullo iba extendiéndose) llegó el camarero. Yo probé con delicadeza la sopa y ordené un plato de sal de la más fina. « ¡De las más fina!», repetí, mientras el camarero nos miraba desconcertado. «Para mí, lo mismo», dijiste tú y el hombre anotó el pedido. «Ahora piden sal», oí que le decía una anciana a otra mujer aún más arrugada. Los jóvenes al parecer deportistas comenzaron a mirarnos con respeto. Llegó la sal, yo, con parsimonia, tomé una cucharada y empecé a comerla. « Come», te dije. Y tú también empezaste a comer. El murmullo de la gente subió de pronto. Cambié el radio de estación, puse a Katina Ranieri. La gente no cesaba de mirarnos. Al terminar los postres me acerqué más a ti, me envolví los hombros en tu bufanda y te besé una oreja. Para pagar llamamos los dos al camarero con una regia y doble voz de soprano. Inmediatamente te tomé la punta de la camisa que te llegaba a los tobillos y comenzamos a bailar entre las mesas. Al terminar se escucharon aplausos y hasta algunos «¡bravos!».”

Reinaldo Arenas.

Viaje a la Habana.

2046 - Wong Kar Wai

Istanbul is LIGHT

Istanbul is LIGHT

True Love - Esteman and Monsieur Periné